Gracias
a la educación Cristiana que mis padres inculcaron en mí y mis hermanos,
aprendimos a confiar todos nuestros logros y dificultades en la mano de Aquel
que "creó los cielos, la tierra y todo lo que en ella habitamos...".
El hecho de recibir una educación de tal magnitud e importancia, no significa,
bajo ninguna circunstancia, que somos perfectos; todo lo contrario, al vernos en
el espejo del Creador, nos damos cuenta de lo pequeño e insignificante que
somos. Sin embargo, con su ayuda podemos alcanzar todas las metas positivas que
nos hayamos propuesto en este mundo; y eso lo aprendí y lo usé desde temprano
en la vida. Recuerdo que un profesor me preguntó, el por qué siempre
escribía, en la primera página, unas mismas palabras, en todos mis exámenes.
Le repliqué, que era un texto bíblico que me daba confianza y fé en saber,
que la sabiduría no solo dependía de Dios, sino que El estaba dispuesto a
darla a todos los que con fé se la demandaran; y más aún, nos la daría en
abundancia. Santiago 1: 5, 6 dice: "Si
alguno necesita sabiduría, pídala a Dios, quien dá a todos abundantemente, y
sin reprochar. Y le será dada. Pero pida con fé...".