Muchas veces enfocamos el aspecto salud solo desde el punto de vista puramente físico, descuidando nuestra parte espiritual y emocional, causas estas muy frecuentes de dolencias y enfermedades. Cuando dejemos de transgredir las leyes naturales de nuestro ser, cuidando qué comemos y qué bebemos, consumiendo alimentos sencillos y nutritivos, vistiendo de forma saludable, practicando ejercicio físico moderado, respirando aire puro a la luz solar y manteniendo una higiene escrupulosa, entonces nuestro cuerpo estará en armonía con la naturaleza y "nuestro Hacedor". Nuestra felicidad está tan intimamente relacionada con la salud, que si queremos ser felices tenemos que velar por nuestra salud. Son muy pocas las personas que poseen un conocimiento adecuado y necesario del funcionamiento del cuerpo humano y de las leyes naturales que nos rigen. Necesitamos tener un conocimiento práctico y verdadero de la ciencia de la vida humana. Muchos andan a la deriva sin ningún conocimiento, como un barco en alta mar sin brújula ni ancla; y lo que es peor, ni siquiera demuestran el menor interés en prevenir las enfermedades ni en cómo conservar sus cuerpos en una condición saludable. La abnegación y la restricción del apetito pervertido es necesario para levantar la condición original del ser humano, estableciendo y promoviendo con ello una mejor salud y unos principios morales más elevados, quitando así la corrupción en nuestra sociedad. La complacencia del apetito pervertido ha degradado y esclavizado a muchos. Cada violación a los principios alimenticios contribuye a embotar las facultades de percepción, haciendo imposible que el culpable pueda apreciar las cosas del espíritu o valorarlas correctamente. No ignoremos las consecuencias de los excesos, esto es vital. La temperancia en todo lo que hacemos es indispensable para la buena salud y el desarrollo y el crecimiento del espíritu. Los que no somos capaces de velar por nuestra propia salud física y emocinal no deberíamos tener a nuestro cargo la hermosa tarea de criar a ese ser que Dios nos dio para hacer el paso por este mundo un poco más placentero.
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